Nadie te dice esto: dejar de ser la víctima lo cambia todo

y no solo en el mundo corporativo…

Hay algo que no te dicen cuando entras a trabajar. Y no solo pasa en el mundo corporativo, pero ahí se vuelve más evidente.

Al inicio todo pesa más. Eres nueva, estás entendiendo cómo funcionan las cosas, y al mismo tiempo parece que todo llega a ti: los problemas, los pendientes, las urgencias. Y, a veces, también esa sensación incómoda de que hay gente observando, cuestionando si realmente deberías estar ahí.

Y entonces entras en ese ciclo.

Empiezas a pensar que el problema eres tú. Que te falta algo. Que, si te esfuerzas más, si explicas mejor, si haces todo perfecto, eventualmente las cosas se van a acomodar.

Pero no siempre pasa.

Porque no solo estás haciendo tu trabajo. También estás tratando de sostener tu lugar. De demostrar que sí sabes, que sí puedes, que no eres “la nueva que no entiende”. Y eso, muchas veces, desgasta más que el trabajo en sí.

Hasta que un día te cansas.

No porque el entorno cambie, ni porque las cosas se vuelvan más fáciles. Sino porque decides dejar de vivirlo desde ese lugar.

Y ahí es donde algo cambia. (You kill the victim in you).

Dejas de tomártelo personal. Dejas de necesitar la validación de todos. Dejas de explicarte de más. Empiezas a entender que no todos están ahí para ayudarte; sino es que nadie; que no todos juegan limpio y que, en muchos casos, eso no va a cambiar.

Y, si, en lugar de resistirte a eso, ¿te adaptas?.

Te empiezas a mover distinto. Cubres tu trabajo con más claridad, respaldas lo que haces, te acercas a la gente que sí suma y dejas de invertir energía en convencer a la que no. Empiezas a formar a tu equipo, a enseñarles cómo funcionan las cosas, a quedarte con quienes realmente construyen contigo. Porque claramente no todo el equipo; (the people) jala igual; ni se gestiona de la misma manera.

Poco a poco, sin hacer ruido, te fortaleces.

Ya no reaccionas igual. Ya no te enganchas igual. Ya no te quiebras igual.

Y entonces pasa algo interesante, empiezas a dar resultados más claros, más sólidos. Incluso mejores que cuando estabas intentando demostrarle algo a todos.

No porque ahora estés en conflicto, sino porque finalmente entiendes tu lugar.

No estás ahí para caer bien. Estás ahí para hacer bien tu trabajo. Y en el mundo corporativo eso solo tiene un sonido “$”.

Y también entiendes algo más:

no necesitas encajar en la vieja escuela ni cumplir con una idea específica de cómo deberías verte o comportarte para que te tomen en serio.

Necesitas ser buena en lo que haces. Clara. Firme. A tu manera. Sin jamás perder tu esencia.

Y cuando eso pasa, los resultados hablan por ti.

Y no es algo que solo aplique al trabajo.

El día que dejas de sentirte víctima, dejas también de pedir permiso para hacer lo que sabes que tienes que hacer.

Y eso, aunque no siempre se diga así de claro, lo cambia todo.

Yo tuve que despertar y kill the victim inside me:

  1. Llegar más temprano que todos.

  2. Salir más tarde que todos.

  3. Hacer que mis días contaran.

  4. Aprender a reírme incluso en el caos.

  5. Fortalecer a mi equipo.

  6. Agarrar el ritmo.

  7. Cantar a todo pulmón en el carro en lugar de llorar.

  8. Entender que era cuestión de tiempo… hasta entrar a Troya con mi caballo.

  9. Cubrir las ventanas que otros dejaban abiertas.

  10. Dejar de enfocarme en las inseguridades de otros y hacerme cargo de las mías.

  11. Empezar a agradecer… en lugar de victimizarme porque no era lo que esperaba.

Y no, no se trata de vivir así para siempre.

Se trata de entender que hay etapas donde toca dar más, aprender más y sostener más…

hasta que ya no tienes que hacerlo de la misma forma.

Dejé de esperar que todo fuera justo

y empecé a aprender cómo jugar

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